Antonio Barrantes

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I La agroflación

Mayo 16th, 2008 por abarrantes in General · No hay comentarios

La agroflación. “Un asesinato silencioso “

A. Barrantes Lozano

 

Es curioso por no decir preocupante que los grandes titulares de los periódicos se centren, antes de forma justificada, después con menos justificación, en contarnos los encuentros y desencuentros de nuestra clase política, indiferente es que sean amigos o enemigos, lo importante es que la cosa venda. Los desencuentros no dejan de ser sino síntomas de desafecto y si son noticias es porque buscan el hueco que va dejando la tan de ala caída prensa del corazón que al fin parece tocar fondo entre la audiencia televisiva. Lo sorprendente es que la noticia de amores y desamores recae en la prensa escrita, esa que llamamos seria, que ha encontrado su filón en las desavenencias de unos y otros dentro del terreno político. Al fin son casos que han de dirimir entre ellos pues ellos son los se repartirán las parcelas de poder. Valga esto para vencedores y vencidos, aunque se note más entre los vencidos.

Digo que estas noticias grandilocuentes que ocupan los grandes titulares y carentes de interés ocultan otras realmente preocupantes y que por su tratamiento informativo pueden pasar desapercibidas. Así fue como me encontré en la prensa nacional, en una columnita, en esas páginas ininteligibles para los profanos como es la sección de economía, un pequeño pero terrible titular, no era otra cosa que una nota de la ONU, organismo que hay que suponer bien informado que decía: “La ONU califica de asesinato en masa la subida de los alimentos”

Que los pobres siempre han tenido dificultad de obtener su botín, es algo con lo que la sociedad, concretamente la sociedad occidental, es algo, repito, que da por asumido. Que todavía, para vergüenza propia y ajena, haya gente que muera de hambre en el centro de esa África tribal, castigada por terribles sequías o inundaciones a destiempo, el saqueo y rapiña de sus dirigentes y otras tantas calamidades es algo a lo que estamos acostumbrado. Un sin fin de ONGs tiene justificada su existencia en estos problemas que creíamos que no obedecían a otra cosa que a la desigual distribución de los bienes, el analfabetismo y el despotismo de gobernantes megalómanos e ignorantes, pero al parecer la cosa va más allá. “El aumento global de precio de los alimentos está llevando a un silencioso asesinato en masa en los países más pobres del mundo”, asegura Jean Ziegler encargado de las Naciones Unidas para asuntos relativos a la alimentación. Quiero pensar que Jean Ziegler es una autoridad en esto y que fundados argumentos debe tener para soltar tan rotunda afirmación.

¿Qué está ocurriendo para que esta autoridad remate sus declaraciones con una afirmación terrible como es la de decir: “El hambre no es cosa del destino desde hace mucho tiempo. Más bien hay un asesinato detrás de cada víctima. Es un silencioso asesinato en masa.. la globalización de la monopolización de los ricos en la tierra” y continúa: “Tenemos una multitud de empresas, especuladores y bandidos financieros que han convertido en salvaje un mundo de desigualdad y horror”

El Sr. Bon Ki Moon, Secretario General de la ONU, en la misma línea advierte que si no se gestiona adecuadamente, el encarecimiento de los productos básicos podría provocar importantes perjuicios al crecimiento económico mundial e incluso a la seguridad.”

Después de conocer, de tan ilustres expertos, estos mensajes, no cabe otra opción que el reflexionar sobre este tipo de noticias que por sí solas provocan zozobra en las mentes más templadas.

El hambre, que como la malaria, la consideramos propia de ciertas zonas endémicas, resulta ahora ser una amenaza seria para los países acomodados y un crimen de lesa humanidad.

Continuará…

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POEMA de Gerardo Diego

Abril 29th, 2008 por abarrantes in Educación · No hay comentarios

Debería ahora deciros: “amigos,

muchas gracias”; y sentarme, pero sin ripios.

Permitidme que os lo diga en tono lírico,

en verso, sí, pero libre y de capricho.

Amigos:

dentro de unos días me veré rodeado de chicos,

de chicos torpes y listos,

y dóciles y aríscos,

a muchas leguas de este Santander mío,

en un pueblo antiguo,

tranquilo

y frío.

Y les hablaré de versos y de hemistiquios,

y del Dante, y de Shakespeare, y de Moratín (hijo),

y de pluscuamperfectos y de participios.

Y el uno bostezará y el otro me hará un guiño,

y otro, seguramente el más listo,

me pondrá un alias definitivo.

Y así pasarán cursos y cursos, monótonos y prolijos.

Pero un día tendré un discípulo,

y moldearé su alma de niño

y le haré hacerse nuevo y distinto,

distinto de mí y de todos; él mismo,

y me guardará respeto y cariño.

Y ahora yo os digo:

Amigos:

brindemos por ese niño,

por ese predilecto discípulo,

porque mis dedos rígidos

acierten a modelar su espíritu

y mi llama lírica prenda en su corazón virgíneo,

y porque siga su camino intacto y limpio,

y porque este mi discípulo,

que inmortalizará mi nombre y mi apellido,

…. sea el hijo,

el hijo

de uno de vosotros, amigos.

 

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El Parlamento

Abril 28th, 2008 por abarrantes in General · No hay comentarios

*El Parlamento

Antonio Barrantes Lozano

Sabido es que el Parlamento está formado por los próceres del país para dilucidar los asuntos graves de la nación, que su parlamentar reside en el uso correcto de la palabra y que con ella deben de hilar argumentos que justifiquen acciones e iniciativas posteriores. Al parlamentario, generalmente elegido, se le supone capacitado para tal menester. Desde los más remotos tiempos, siglo V a. de C., en que la cosa pública exige que sea dirimida por todos, el parlamentar se fue convirtiendo en un arte sujeto a su propia normativa, o sea la retórica y a aquél que hace un uso correcto de la misma le llamamos orador. Históricamente, este arte coincide en su esplendor con los momentos de la libertad política y le llega su ocaso cuando se cancela la libertad de expresión.

El “parlamento de mi pueblo”

La oratoria tuvo gran predicamento entre los griegos, muy interesados en el uso de la palabra tanto en el ámbito público como en el privado. Ni que decir tiene que el orador, que ha de convencer, debe ser versado en literatura, arte, filosofía, derecho, economía e historia, por ser estos conocimientos básicos a los que tiene que recurrir para organizar sus disquisiciones en los que fundamentar sus argumentos. Ha de ser un artista de la palabra y, antes que nada, un verdadero filósofo, capaz de encontrar los argumentos verdaderos y útiles. El orador, consciente de su trascendencia, es un hombre amante del bien y la virtud, por lo que adquiere una importante dimensión moral.

Tanto Sócrates como Platón criticaron duramente a los sofistas a los que consideraron intrínsicamente perversos, ya que aquéllos no pretendían el conocimiento de la verdad sino el convencer y persuadir, haciendo fuerte el argumento débil mediante las habilidades dialécticas.

Este fuerte arraigo que entre los griegos tuvo la oratoria fue heredado por los romanos, pasando así a la cultura latina, destacando Cicerón como verdadero maestro.

Pues bien, toda esta tradición dialéctica es la que echamos de menos entre nuestros parlamentarios actuales. Nuestros oradores se han convertidos en lectores de una prosa, posiblemente ajena, llena de tecnicismos, nada convincente y partidista, dirigida más bien al analista que al ciudadano, llena de efectismos para que sea digerida, sin cribado crítico, por el teleespectador antes que rebatida por el oponente político que a la vez busca los mismos efectos. A los últimos debates parlamentarios me remito. Planos y oscurantistas. En los que tanto la oposición como el gobierno demuestran sus carencias. Los oradores enlatados en su propios escritos se limitan a leer, ni siquiera a persuadir, los argumentos se dan por sabidos y sólo el estudio sobre los efectos o impresión que causen entre los ciudadanos darán por vencedor a uno o a otro.

No ha sido ésta nuestra tradición parlamentaria: Oradores hemos tenido. En las Cortes liberales del siglo XIX encontramos multitud de ejemplos entre los que destacó Castelar, de verbo brillante, con intervenciones contundentes a pesar de las limitaciones de la época. O bien en las Cortes de la II República, en un ambiente enrarecido, la palabra de D. Manuel Azaña levantaba pasiones o la de Araquistain o Giner de lo Ríos. Esta tradición se ha perdido, bien por las limitaciones de los representantes bien por los medios de difusión, o por ambas cosas, que hacen que el orador se dirija más a los ausentes que a los presentes. Así las Cortes, foro de debate por antonomasia, se han convertido más en sala de disputas que en marco de argumentaciones. Nuestras señorías se preocupan más y gastan el tiempo de sus intervenciones en culpar y disculparse de acciones u omisiones que en construir un verdadero debate argumental. Negligencias flagrantes son despachadas culpando al contrario, con aquello de que vosotros más, o a los elementos, como Felipe II. El interés público queda subyugado a la interpretación del que tiene la mayoría y los graves problemas enredados en Comisiones parlamentarias que no llevan a ninguna parte. A la falta de argumentación le sigue la carencia de digresión que ha quedado reducida al insulto mal sonante y el zapateo desde la claque parlamentaria por lo que se han perdido, no sólo los valores dialécticos, sino los más elementales valores de modos y educación de los que se les supone garantes. Actitud muy alejada de aquella anécdota que se recoge en los anales de nuestra historia parlamentaria en la que se nos cuenta que un diputado, en uso de su palabra, ante la falta de argumentación para descalificar a su contrario procura ridiculizarlo tachándole de débil y calzonazos haciendo público el hecho de llevar calzoncillos largos. El diputado aludido, haciendo uso de la mejor tradición conceptista castellana, sin ruborizarse, en su turno de palabra le contesta: “que indiscreta es, a veces, la esposa de su señoría” Ni que decir tiene que la discusión quedó cerrada al menos en el Parlamento.

 

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EDUCACIÓN

Abril 15th, 2008 por abarrantes in Educación · 3 comentarios

* EDUCACION

Antonio Barrantes Lozano

Hay cosas de las que todo el mundo dice entender. Hablamos de política o de fútbol sin ruborizarnos, con pocos mimbres somos capaces de deliberar y sentenciar. La escasez de argumentos quita rigor y esconde subjetividad, pero como si tal. Algo así pasa cuando hablamos de educación. Pero ocurre que este tema es más grave por su trascendencia inmediata. Con frecuencia se oye, tanto a madres preocupadas como a conspicuos tertulianos, dando/quitando razones a todo el proceso del complicado entramado educativo. La mayoría de las veces no se tiene más base que el recuerdo de aquella escuela por la que uno pasó. La añoranza de aquel modelo es frecuente asidero de en familias atolondradas por la obligación que se les viene encima, la corresponsabilidad en la educación de sus hijos, quizá arrastradas por la inercia de que cualquier tiempo pasado fue mejor o bien por filias políticas que obscurecen todo.

Valorar lo que se tiene no debe ocultar lo que se puede mejorar, pero ningunear lo positivo es viajar hacia el antesdeayer.

A principios del siglo XX España vivió una de los periodos más tristes de su historia. La pérdida de Cuba provocó una profunda crisis en la conciencia nacional. Entre los intelectuales de la época surge la idea de “España como preocupación”, España como problema. Cuando Joaquín Costa exclama “Escuela y Despensa” pide los ingredientes necesarios para hacer un pueblo fuerte, nuevo, bien alimentado e instruido. Costa parte de la persuasión de que la redención de España está en la educación y no en otra parte. Este optimismo por la educación prendió en las mentes más preclaras del momento. Giner de los Rios considera a la educación como modo que permite a cada individuo dirigir con sentido su propia vida.

Esta preocupación sigue vigente por el mundo.

Leí hace algún tiempo, el 9 de mayo de 2002, un artículo de Nelson Mandela y Graça Machel, matrimonio de humanistas, ambos comprometidos con la redención de África, premios Príncipe de Asturias, y él, premio Nobel de la paz de 1993, que titulaban “Educación ¿quién suspende?”, entre otras muchas afirmaciones entresaco aquella que dice “ hoy el mundo atraviesa una crisis de la educación… uno de cada cinco niños no verá nunca el interior de un aula..” Son afirmaciones terribles y bien fundamentadas de las que ambos autores tienen criterios suficientes para esgrimirlas. Son preocupaciones parejas a la de los intelectuales del 98 y vienen a contrastar con la situación educativa actual en nuestro país que presume de una escolarización al 100% en los tramos de 3 a 16 años, pero no exenta de una profunda controversia desde la concepción del Artículo 27 de nuestra Constitución por las distintas interpretaciones que se le ha venido dando, tanto por los socialistas como por los ahora populares, a la hora de desarrollar sus aspectos legislativos, llámense LODE, LOGSE, LOCE o lo que venga.

Intereses partidistas ocultan el avance significativo que la educación ha tenido en España fundamentalmente durante los últimos treinta años y han creado la sensación de fracaso o de fiasco al gran esfuerzo social y económico que se ha realizado y se realiza en este campo.

Parto y comparto con que todas las iniciativas legislativas se han hecho o han tenido el noble propósito de mejorar lo anterior. La Ley del 70, conocida como de Villar Palasí, mejoraba y adecuaba la legislación educativa franquista. Cuando UCD se mejoró la ley del 70 y así sucesivamente. El reformar la leyes, el hacer leyes nuevas en educación no es ni debe implicar necesariamente la negación ni el desacredito de las anteriores. El legislador debe procurar adaptar el sistema a las nuevas exigencias. Federico Mayor Zaragoza en una entrevista decía en relación a los cambios del sistema educativo: “La reforma tiene que ser como la vida misma, constante, no podemos decir ya tenemos la solución, la teníamos para los problemas de ayer o de hoy pero no para los de mañana.”

Esta sensación de fracaso que tiene la sociedad actual de nuestro sistema educativo, no está en la necesidad de revisar el sistema, que como la propia sociedad es mutante y está sujeto a continua adaptación, la sensación negativa está en el uso partidista que del sistema se hace.

Desde el 98 hasta ahora ha pasado más de un siglo y el debate de la educación continúa dentro de la humareda que levantan las concepciones políticas y los intereses empresariales que hacen que la situación educativa española, que jamás pudieron soñar Giner o Costa, quede diluida por un debate estéril en el que se sobreponen intereses espurios a los puramente educativos.

Si volvemos a la situación que nos describe Mandela y Machel, ellos, como espectadores externos, creerán que nuestros políticos, desarrollan algún esperpento del Ruedo Ibérico a los que tan dados estamos en representar.

Reformemos lo reformable. Pero pensemos en la escuela, lugar donde aprendemos a ser, que se la dote para colocar al individuo a la altura de su dignidad. Si no es así: ¿quién suspende?

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